Muchas estaciones restauradas albergan cafés, pequeñas exposiciones y sellos para tu cuaderno. Detenerse allí despierta relatos de maquinistas y comerciantes, ofrece sombra agradecida, y recuerda que el viaje es humano, hecho de encuentros inesperados, acentos locales y sonrisas compartidas alrededor de una mesa sencilla.
Los túneles aportan frescor y emoción; entra siempre con luz delantera y trasera, gafas claras y chaleco visible. Camina si el firme está húmedo, saluda a caminantes, y escucha el goteo que recuerda la paciencia de la montaña atravesada por ingenieros de otro tiempo.
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